Desde hace ya mucho tiempo he venido observando el comportamiento de nuestros legisladores, y el espectáculo realmente lamentable que nos ofrece el congreso nacional, que no solo se conoce en el interior de nuestro país, sin que trasciende las fronteras, y nos cubre de vergüenza en el mundo entero, como es sabido la globalización, con el incremento de los medios de comunicación que han logrado un desarrollo inimaginado hace pocos años hace que ya nada pueda ocultarse a los ojos de los habitantes de cualquier lugar de la tierra; y no será quizás el disparador de los inconvenientes que tenemos para ingresar en cualquier país ?, desgraciadamente es inevitable que quién observa el espectáculo lamentable del congreso piense que todos los argentinos somos iguales.
Y así este organismo que debiera ser orgullo de los argentinos es solo el refugio de los políticos bochornosos que supimos conseguir, a los que se encargan de sumar sus acólitos, que también pertenecen a la parte nada recomendable de nuestra sociedad.
Y porqué es así ?, pues diría que es algo casi lógico dadas las condiciones en que se realiza la política en estas latitudes. Baste con observar quienes son los que habitan permanentemente al lado de los políticos. Quienes son sino los vagos que siempre andan tratando de rebuscarse algún cobre sin tener que hacer el menor esfuerzo ?. Estos están siempre dispuestos para adular al jefe, a servirlo y encontrarse siempre listos para proceder a las pegatinas de afiches, aplaudir fervientemente en los actos, ensuciar las paredes con inscripciones halagüeñas para el jefe, y otras tareas no siempre aceptables para personas bien pensantes.
Y no son solo los seguidores, sino los mismos políticos, cuya única diferenciación con los que forman su cortejo es en muchos casos cuestión de pesos y de posibilidades de dar limosnas con las que muchos de los votantes se sienten recompensados, y se avienen a recibir a cambio de su adhesión al caudillo, es decir que moralmente no hay demasiada diferencia entre uno y otro.
Tal vez alguien se sienta con derecho a pensar que opino de esta manera porque mi situación económica está por encima de las necesidades de mucha gente que tiene carencias que realmente no debiera sufrir ningún ser humano. Pero quién así piense se equivoca, pertenezco a una familia que nació con muy escasos recursos, tantos que estoy seguro que muchísimos de los hoy carenciados tienen mucho más que los que tuve yo en mi niñez, y aunque hoy no tengo demasiado poseo al menos los medios para cubrir las necesidades de mi familia.
Y al sentarme a analizar en perspectiva que fue lo que posibilitó salir de la situación de indigencia he llegado a la conclusión inequívoca que esto se debió a la cultura del trabajo.
Recuerdo un fenómeno meteorológico que aconteció en el barrio donde yo vivìa, fue a fines de los años 19658/59 (la fecha la doy aproximada pues no lo registré en ninguna parte), solo quedó gravada en mi memoria.
Ocurrió que una pedrea se precipitó sobre el conurbano bonaerense. y en donde yo vivía (Villa Evita o Villa París, según quién la nombre), estación Glew del partido de Almirante Brown, la mayoría de los techos de aquellas viviendas humildes eran de cartón prensado embreado, y como podrán imaginarse los techos de ese material quedaron totalmente destruidos. Que pasó entonces ?, fueron a pedir algo al gobierno o a las instituciones ?, salieron en la televisiòn llorando sus miserias ? (y aquí no me incluyo pues mi casa era de material y no sufrió daño alguno), no, no fue eso lo que pasó. Al otro día mi querido barrio era un hormiguero de gente que buscaba la solución a su problema. Alguno volvió a colocar el techo del mismo material, otro aprovechó para mejorarlo (chapas de zinc en algunos casos) o como fuera, pero a las pocas jornadas todo había vuelto a la normalidad, cada uno solucionó su problema de acuerdo a sus posibilidades y desde luego aquellos que no habíamos sufrido daños en las viviendas colaboramos voluntariamente y con gran entusiasmo para ayudar a nuestros vecinos, para lo cual no hacía falta pedir ayuda, el que la necesitaba la recibía sin tener que pedirla. Yo hace ya mas de cuarenta años que me fui de ese barrio, pero cuando voy para visitar a algún familiar o amigo que vive allí, y esto lo digo sin ninguna exageraciòn, siento no solo el calor de la amistad sin hasta el perfume del barrio que me trae los mejores recuerdos.
Y aquí quiero además dejar sentado mi tremendo disgusto cuando oigo decir que la pobreza es la causa de los aberrantes delitos que se cometen a diario tanto en la ciudad de Buenos Aires como en el conurbano bonaerense, ESTE ESTIGMA TERRIBLE QUE SE LE ENDILGA AL OBRERO DESOCUPADO Y QUE NO TIENE NI EL MÍNIMO SUSTENTO.
Y lo peor es que esto es aceptado y hasta promocionado por los pseudos dirigentes obreros que ocupan la CGT y las organizaciones obreras de todo tipo en los cargos mas importantes. Y créanme, me pregunto porqué estos burócratas convertidos no se porque alquimia en millonarios no defienden, aunque sea para no quedar tan expuestos, a quienes dicen representar; será porque ahora son millonarios y pertenecen o creen pertenecer a otro estrato social ?.
Creo que sí, y seguramente que su historia no es la del obrero cuyo mayor capital, lo he oído repetir sin descanso, no solo en mi casa sino también en la casa de mis amigos, todos obreros por cierto y que nuestros mayores nos repetían a diario "POBRE SÍ, PERO HONRADO". Jamás podría olvidarlo, es la mejor cuando no la única herencia de los verdaderos obreros.
Por eso me rebelo contra esta canallada inmoral que hoy dice representar a los trabajadores y contra el lamentable espectáculo de las patotas sindicales peleándose para ver quién se queda con "la caja". O será que soy muy mal pensado ?, pero no lo creo porque sin excepción, los que se quedan con el honor de representar a los trabajadores al poco tiempo resultan millonarios. Porque será ?.
Y así este organismo que debiera ser orgullo de los argentinos es solo el refugio de los políticos bochornosos que supimos conseguir, a los que se encargan de sumar sus acólitos, que también pertenecen a la parte nada recomendable de nuestra sociedad.
Y porqué es así ?, pues diría que es algo casi lógico dadas las condiciones en que se realiza la política en estas latitudes. Baste con observar quienes son los que habitan permanentemente al lado de los políticos. Quienes son sino los vagos que siempre andan tratando de rebuscarse algún cobre sin tener que hacer el menor esfuerzo ?. Estos están siempre dispuestos para adular al jefe, a servirlo y encontrarse siempre listos para proceder a las pegatinas de afiches, aplaudir fervientemente en los actos, ensuciar las paredes con inscripciones halagüeñas para el jefe, y otras tareas no siempre aceptables para personas bien pensantes.
Y no son solo los seguidores, sino los mismos políticos, cuya única diferenciación con los que forman su cortejo es en muchos casos cuestión de pesos y de posibilidades de dar limosnas con las que muchos de los votantes se sienten recompensados, y se avienen a recibir a cambio de su adhesión al caudillo, es decir que moralmente no hay demasiada diferencia entre uno y otro.
Tal vez alguien se sienta con derecho a pensar que opino de esta manera porque mi situación económica está por encima de las necesidades de mucha gente que tiene carencias que realmente no debiera sufrir ningún ser humano. Pero quién así piense se equivoca, pertenezco a una familia que nació con muy escasos recursos, tantos que estoy seguro que muchísimos de los hoy carenciados tienen mucho más que los que tuve yo en mi niñez, y aunque hoy no tengo demasiado poseo al menos los medios para cubrir las necesidades de mi familia.
Y al sentarme a analizar en perspectiva que fue lo que posibilitó salir de la situación de indigencia he llegado a la conclusión inequívoca que esto se debió a la cultura del trabajo.
Recuerdo un fenómeno meteorológico que aconteció en el barrio donde yo vivìa, fue a fines de los años 19658/59 (la fecha la doy aproximada pues no lo registré en ninguna parte), solo quedó gravada en mi memoria.
Ocurrió que una pedrea se precipitó sobre el conurbano bonaerense. y en donde yo vivía (Villa Evita o Villa París, según quién la nombre), estación Glew del partido de Almirante Brown, la mayoría de los techos de aquellas viviendas humildes eran de cartón prensado embreado, y como podrán imaginarse los techos de ese material quedaron totalmente destruidos. Que pasó entonces ?, fueron a pedir algo al gobierno o a las instituciones ?, salieron en la televisiòn llorando sus miserias ? (y aquí no me incluyo pues mi casa era de material y no sufrió daño alguno), no, no fue eso lo que pasó. Al otro día mi querido barrio era un hormiguero de gente que buscaba la solución a su problema. Alguno volvió a colocar el techo del mismo material, otro aprovechó para mejorarlo (chapas de zinc en algunos casos) o como fuera, pero a las pocas jornadas todo había vuelto a la normalidad, cada uno solucionó su problema de acuerdo a sus posibilidades y desde luego aquellos que no habíamos sufrido daños en las viviendas colaboramos voluntariamente y con gran entusiasmo para ayudar a nuestros vecinos, para lo cual no hacía falta pedir ayuda, el que la necesitaba la recibía sin tener que pedirla. Yo hace ya mas de cuarenta años que me fui de ese barrio, pero cuando voy para visitar a algún familiar o amigo que vive allí, y esto lo digo sin ninguna exageraciòn, siento no solo el calor de la amistad sin hasta el perfume del barrio que me trae los mejores recuerdos.
Y aquí quiero además dejar sentado mi tremendo disgusto cuando oigo decir que la pobreza es la causa de los aberrantes delitos que se cometen a diario tanto en la ciudad de Buenos Aires como en el conurbano bonaerense, ESTE ESTIGMA TERRIBLE QUE SE LE ENDILGA AL OBRERO DESOCUPADO Y QUE NO TIENE NI EL MÍNIMO SUSTENTO.
Y lo peor es que esto es aceptado y hasta promocionado por los pseudos dirigentes obreros que ocupan la CGT y las organizaciones obreras de todo tipo en los cargos mas importantes. Y créanme, me pregunto porqué estos burócratas convertidos no se porque alquimia en millonarios no defienden, aunque sea para no quedar tan expuestos, a quienes dicen representar; será porque ahora son millonarios y pertenecen o creen pertenecer a otro estrato social ?.
Creo que sí, y seguramente que su historia no es la del obrero cuyo mayor capital, lo he oído repetir sin descanso, no solo en mi casa sino también en la casa de mis amigos, todos obreros por cierto y que nuestros mayores nos repetían a diario "POBRE SÍ, PERO HONRADO". Jamás podría olvidarlo, es la mejor cuando no la única herencia de los verdaderos obreros.
Por eso me rebelo contra esta canallada inmoral que hoy dice representar a los trabajadores y contra el lamentable espectáculo de las patotas sindicales peleándose para ver quién se queda con "la caja". O será que soy muy mal pensado ?, pero no lo creo porque sin excepción, los que se quedan con el honor de representar a los trabajadores al poco tiempo resultan millonarios. Porque será ?.